La maldad de la izquierda

El mundo clásico siempre nos regala interesantes reflexiones. Sócrates parece haber sostenido que existía una correspondencia intrínseca entre virtud y sabiduría, de tal forma que aquellos hombres que tenían un conocimiento del bien no podían sino hacer lo que era bueno. Rastros de esta teoría parecen encontrarse en varios diálogos platónicos y, más concretamente, en el Protágoras, donde todas las virtudes aparecen reducidas en última instancia a una sola: la σοφίαo conocimiento, un término que en griego engloba y se relaciona con las ideas afines de “inteligencia” (νόησις), “moderación” (σωφροσύνη), “buen criterio” (φρόνησις) o “talento” (τέχνη). Pero es Jenofonte quien, en su Memorabilia, nos proporciona una descripción más precisa de la deontología socrática:

“No hacía ninguna distinción entre sabiduría y prudencia, sino que juzgaba sabio y sensato al que conociendo lo que es bueno y bello lo practicaba y a quien sabiendo lo que es feo lo evitaba. […] Decía también que la justicia y las demás virtudes en general son sabiduría, pues las acciones justas y todo cuanto se hace con virtud es bello y hermoso, y ni quienes las conocen podrían preferir otra cosa a cambio”.

σοφίαν δὲ καὶ σωφροσύνην οὐ διώριζεν, ἀλλὰ †τὸν τὰ μὲν καλά τε κἀγαθὰ γιγνώσκοντα χρῆσθαι αὐτοῖς καὶ τὸν† τὰ αἰσχρὰ εἰδότα εὐλαβεῖσθαι σοφόν τε καὶ σώφρονα ἔκρινε. […] ἔφη δὲ καὶ τὴν δικαιοσύνην καὶ τὴν ἄλλην πᾶσαν ἀρετὴν σοφίαν εἶναι. τά τε γὰρ δίκαια καὶ πάντα ὅσα ἀρετῇ πράττεται καλά τε κἀγαθὰ εἶναι: καὶ οὔτ᾽ ἂν τοὺς ταῦτα εἰδότας ἄλλο ἀντὶ τούτων οὐδὲν προελέσθαι οὔτε τοὺς μὴ ἐπισταμένους δύνασθαι πράττειν. Sócrates, según Jenofonte, Memorabilia III.9.4-5.

Aristóteles no tardó en descubrir que diversos rasgos del carácter humano hacen imposible esta utopía socrática: en primer lugar, la “debilidad de la voluntad” (ἀκρασία), pero de modo más importante la “maldad” (μοχθηρία), que el peripatético define como “voluntaria” (ἑκούσιον) y “con conocimiento” (εἰδώς), tanto de la naturaleza de las propias acciones como de los principios morales por ellas violados. Ambos rasgos podrían servir para definir magníficamente la política española de las últimas décadas: una izquierda voluntaria y conscientemente malvada y una derecha moralmente débil e incapaz de acometer con coherencia la defensa de sus propios principios.

Sobre esa derecha timorata poco cabe decir, debatiéndose entre el silencio pusilánime de un PP, que vive sin vivir en él pero no acaba de morir ni cuando se muere, y un VOX que se cree Rodrigo Díaz de Vivar venciendo batallas después de muerto, sin darse cuenta –o a sabiendas– de que la batalla ya pasó y el enemigo salió victorioso botín en mano. El pecado es aquí por omisión, como el de las vírgenes imp(r)udentes de la parábola del Evangelio de Mateo.

La izquierda, por otro lado, y ya desde Lenin –Jesús Huerta de Soto ha sugerido que Marx, habiendo conocido la utilidad marginal gracias a la obra de Jevons y Menger, habría abandonado la continuación de El capital– prefiere el pecado por acción, el consecuencialismo como “metafísica del mal”, como lo llamaba Georges Sorel. Así lo expresaba Lenin en su famoso ataque a los pequeños burgueses de izquierdas de la Segunda Internacional:

“Debemos hacer frente a todo esto, hacer cualesquiera sacrificios, incluso –si fuera necesario– recurrir a todo tipo de engaños, trucos, prácticas ilegales, omisiones, ocultación de la verdad, aunque sólo sea para penetrar en los sindicatos, para permanecer en ellos, para llevar en ellos a cabo la labor comunista a toda costa”.

Надо уметь противо­стоять всему этому, пойти на все и всякие жертвы, даже — в случае надобности — пой­ти на всяческие уловки, хитрости, нелегальные приемы, умолчания, сокрытие правды, лишь бы проникнуть в профсоюзы, остаться в них, вести в них во что бы то ни стало коммунистическую работу. –Lenin, “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” (1920),

La misma idea aparece de nuevo en el famoso memorando dirigido al ministro soviético de Asuntos Exteriores Gueorgui Chicherin, fechado entre 1920 y 1921, y que recoge el pintor vanguardista Yury Annenkov:

“Decir la verdad es un prejuicio pequeño burgués. Mentir, al contrario, está a menudo justificado por los objetivos.”

Говорить правду – это мелкобуржуазный предрассудок. Ложь, напротив, часто оправдывается целью. – Yuri Pavlovich Annenkov, “Воспоминания о Ленине”, Новый журнал, 65 (1961), pág. 147

Para la izquierda la mentira y el pecado en cualquiera de sus formas no sólo es permisible, sino incluso deseable. Este maquiavelismo es algo inherente a todo movimiento de izquierdas: el fin, esto es, el presunto bienestar de un grupo o clase –a menudo el del propio gobernante–, justifica moralmente cualquier medida que se tome, aunque ésta tenga resultados catastróficos e incluso si era una medida equivocada o falsa. Ejemplo perfecto de esto es el movimiento Black Lives Matter, que se presenta como salvador de la “clase negra” basándose en el supuesto asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco, cuando en realidad lo que se está haciendo es monetizar la figura mesiánica de un criminal que murió de sobredosis para desviar y blanquear fondos a “causas” vinculadas al movimiento LGTB.

Dentro de nuestro país la maldad, vileza y perversión de la izquierda se han intensificado considerablemente en los últimos años gracias al gobierno de coalición entre el PSOE y el sucedáneo feminista de Podemos. Ambos partidos, por cierto, baluartes liderados por auténticos modelos de maldad y vileza voluntarias: Pedro Sánchez, plagiario a la violeta en la línea de Manuel Cruz o José Luis Arce, y Pablo Iglesias, confeso “marxista algo perverso” y “psicópata” que fantaseaba con que “azotaría hasta que sangrase” a Mariló Montero. Los recientes ejemplos de esta perversión socialista en España son tan abundantes como desagradables y lo son no tanto por la noticia en sí, sino por lo que la intencionalidad y despreciable premeditación que se esconde detrás de estas acciones parece sugerir.

Así, hace unas semanas varios periódicos recogían la noticia de una menor tutelada de 14 años que había sido coaccionada por el gobierno de la Generalidad de Cataluña para que ni denunciase ni informase a su madre de que fue drogada y violada. No contentos con ello, desde el centro no sólo responsabilizaron a la menor de lo sucedido, sino que se le impidió durante un mes contactar con su madre para ocultar la violación, haciéndola dormir en el suelo para coaccionarla. Cuando finalmente la madre consiguió ver a su hija, la versión de los funcionarios de la Generalidad de Cataluña fue que no era para tanto, que la menor no había sido violada y que la relación había sido consentida. Este suceso se añade a los ya conocidos casos de explotación sexual y violación grupal de menores de centros de acogida en Palma de Mallorca, que según varios testigos se llevarían produciendo durante más de 30 años.

Igualmente despreciables han sido las recientes declaraciones de la periodista Susanna Griso sobre el asesinato de una niña de seis años a manos de su madre, al que ha calificado de “suicidio ampliado” y “homicidio por compasión”. Lo de Susanna Griso es doblemente ruin, pues esta burguesita catalana de lengua larga, tan dada a los escándalos mediáticos, debería saber dada su formación que el “suicidio ampliado” se produce cuando una persona se suicida junto con  otra. Y Noemí, la madre de la niña, sigue viva y, a diferencia de otros casos en los que el asesino era el padre, la protege todavía la presunción de inocencia. No contentos con estas “descripciones” tan propias de la neolengua de la izquierda, varios medios han intentado culpabilizar de lo ocurrido al padre –hombre, blanco, heterosexual– basándose en fragmentos sesgados de una sentencia que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha filtrado a la prensa. La sentencia, de hecho, viene a decir lo contrario, como puede verse aquí, aunque esto no ha impedido que la Directora General de Igualdad Nuria Valera afirme que se trata de “un asesinato en un contexto de violencia de género” ocultado por la “ultraderecha”. ¿Qué sucederá cuando descubran que uno de los abogados del caso es, además, presidente de VOX en el Parlamento Asturiano?

El súmmum del esperpento de la política española lo representa, no obstante, Irene Montero, Ministra de Igualdad del gobierno de Pedro Sánchez y anterior pareja del fundador de Podemos, Pablo Iglesias. Esta mala imitación de persona ha estado recientemente en Argentina donde, dentro del marco de charlas pro-abortistas La Ola Verde en América Latina, afirmó que en España a las mujeres que desean abortar se las mete contra su voluntad en camiones y furgonetas y se las obliga a hacerse ecografías para que vean el feto y renuncien al aborto. No contenta con ello, defendió el derecho de “los niños, las niñas y les niñes” a “tener sexo con quien quieran”. No, no se trata de un lapsus linguae: Irene Montero ya defendió la pederastia el pasado septiembre ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados. Algo que obviamente de debería sorprender a nadie familiarizado con los orígenes de los movimientos feministas y LGTB, pues ya desde Foucault y en tiempos más recientes con Gayle Rubin y Judith Butler la pederastia ha sido uno de los frentes más controvertidos de esta ideología. Los aplausos del público argentino a las palabras de la sodomita española hablan por sí solos.

Como a Irene Montero, Susanna Griso o Nuria Valera, a la izquierda no le importan ni los niños asesinados, ni las mujeres maltratadas, ni los homosexuales perseguidos. Tampoco le importan las víctimas de una u otra guerra. La batalla zapaterista por la “memoria histórica” ignora conscientemente las víctimas de la violencia republicana, como Irene Montero ignora de forma igualmente intencional a las víctimas de violencia perpetrada por mujeres. Los crímenes del bando republicano, no ya contra los sublevados, sino contra la población en general, fueron tan absolutamente deleznables y superiores en maldad a los del bando franquista que TODOS los fundadores de la Agrupación al Servicio de la República –José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala– y una gran parte de los intelectuales republicanos, también presidentes de la República, pasaron a apoyar abiertamente a Franco incluso desde el exilio. Cuando durante el tercer debate presidencial de 2012 el candidato a la presidencia estadounidense Mitt Romney advirtió del peligro geopolítico que suponía Rusia, Back Obama se burló diciendo que “la guerra fría había terminado”. Cuando en 2018 Trump advirtió a Alemania de su peligrosa dependencia del gas ruso, la delegación alemana se rio de él. Ahora la izquierda se apropia de este discurso antirruso propio la derecha estadounidense para autodesignarse ex post facto como verdaderos adalides de la libertad, apoyando a las víctimas ucranianas, atacando a Putin e iniciando planes para acabar con la dependencia energética, como si todas estas cosas no hubiesen sido resultado de sus propias políticas socialistas. Te rompen las piernas para venderte unas muletas y te dicen que sin ellos no tendrías muletas. Porque a la izquierda lo único que le interesa es usar a todos ellos –niños, mujeres, homosexuales, víctimas de guerra– para conseguir sus fines políticos y, como Lenin, mentirán, manipularán, cometerán crímenes y tergiversarán y ocultarán la verdad si con ello pueden acabar con la clase media –la pequeña burguesía de Lenin– y hacerse con el poder.

El “aldabonazo” de José Ortega y Gasset, ese otro gran plagiador (de Nietzsche), estaba tan equivocado en 1931 como lo estaría en nuestros días: “¡Es esto! ¡Es esto!”.

La izquierda es esto. “Si no, al tiempo”.


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