Firma de los tratados de adhesión a Rusia de la República Popular de Donetsk, de la República Popular de Lugansk y de las provincias de Zaporoye y Jersón

En el Salón de San Jorge del Kremlin se ha celebrado la ceremonia de firma de los tratados de adhesión a Rusia de la República Popular de Donetsk, de la República Popular de Lugansk, de la región de Zaporoye y de la región de Jersón, así como de la formación de nuevos sujetos constitutivos de la Federación Rusa.

30 de septiembre de 2022, 16:00 horas, Moscú, Kremlin.

Vladimir Putin:

¡Estimados ciudadanos de Rusia, ciudadanos de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, residentes de las regiones de Zaporoye y Jersón, diputados de la Duma Estatal, senadores de la Federación Rusa!

Como saben, se han celebrado referendos en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y en las regiones de Zaporoye y de Jersón. Se han realizado los recuentos, los resultados son conocidos. La gente ha hecho su elección, una elección inequívoca.

Hoy firmamos los tratados de adhesión a Rusia de la República Popular de Donetsk, la República Popular de Lugansk, la región de Zaporoye y la región de Jersón. Estoy seguro de que la Asamblea Federal apoyará las leyes constitucionales sobre la adhesión y la formación de cuatro nuevas regiones, de cuatro nuevos sujetos constitutivos de la Federación Rusa, porque ésta es la voluntad de millones de personas.

(Aplausos.)

Y esto, por supuesto, es su derecho, su derecho inalienable, que está consagrado en el artículo primero de la Carta de la ONU, donde se habla explícitamente del principio de igualdad de derechos y de autodeterminación de los pueblos.

Repito: es un derecho inalienable de la gente, se basa en la unidad histórica, en nombre de la cual combatieron generaciones de nuestros antepasados, quienes desde los orígenes de la antigua Rus a lo largo de los siglos construyeron y defendieron Rusia. Aquí, en Nueva Rusia, lucharon Rumiántsev, Suvórov y Ushakov y fundaron nuevas ciudades Catalina II y Potemkin. Aquí lucharon hasta la muerte nuestros abuelos y bisabuelos durante la Gran Guerra Patria.

Nosotros recordaremos siempre a los héroes de la “primavera rusa”, a los que no se sometieron al golpe de Estado neonazi en Ucrania en 2014, a todos los que murieron por el derecho a hablar en su lengua materna, a preservar su cultura, sus tradiciones y su fe, por el derecho a vivir. Son los combatientes del Donbás, los mártires del “Katín de Odessa”, las víctimas de los inhumanos ataques terroristas del régimen de Kiev. Son los voluntarios y los milicianos, son los habitantes pacíficos, los niños, las mujeres, los ancianos, los rusos, los ucranianos, la gente de las más diversas nacionalidades. Es el verdadero líder popular de Donetsk, Alexander Zajarchenko, son los comandantes militares Arsen Pavlov y Vladimir Zhoga, Olga Kochura y Alexéi Mozgovoy, es el fiscal de la República de Lugansk, Sergéi Gorenko. Es el paracaidista Nurmagomed Hajimagomedov y todos nuestros soldados y oficiales, caídos valientemente en el curso de la operación militar especial. Son héroes. (Aplausos.) Héroes de la gran Rusia. Y les ruego que guarden un minuto de silencio en su memoria.

(Minuto de silencio.)

Gracias.

Detrás de la elección de los millones de habitantes de las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk y de las regiones de Zaporoye y Jersón está nuestro destino común y nuestra historia milenaria. Este vínculo espiritual la gente lo ha ido transmitiendo a sus hijos y nietos. A pesar de todos los calvarios, han mantenido a lo largo de los años el amor por Rusia. Y este sentimiento nadie puede destruirlo en nosotros. He aquí por qué tanto las generaciones mayores como los jóvenes, los nacidos ya tras la tragedia del derrumbe de la Unión Soviética, han votado por nuestra unidad, por nuestro futuro común.

En 1991, en el Bosque de Białowieża, sin consultar la voluntad del ciudadano de a pie, los representantes de las élites del partido de entonces tomaron la decisión de la desintegración de la URSS y la gente se encontró de la noche a la mañana aislada de su Patria. Esto desgarró, dividió nuestra unidad nacional en vivo, se convirtió en una catástrofe nacional. Así como después de la revolución se trocearon las fronteras de las repúblicas soviéticas entre bastidores, los últimos dirigentes de la Unión Soviética, contra la voluntad expresa de la mayoría en el referéndum de 1991, destrozaron nuestro gran país, pusieron al pueblo simplemente ante el hecho.

Reconozco que ellos no comprendían del todo lo que estaban haciendo y qué consecuencias tendría inevitablemente todo esto al final. Pero ya no es importante. La Unión Soviética no existe, no se puede volver al pasado. Y Rusia hoy tampoco lo necesita, no aspiramos a ello. No obstante, no hay nada más fuerte que la determinación de millones de personas que por su cultura, su fe, sus tradiciones y su lengua se consideran parte de Rusia, cuyos antepasados vivieron durante siglos en un único Estado. No hay nada más fuerte que la determinación de estas personas de volver a su Madre Patria verdadera, histórica.

Durante ocho largos años, los habitantes del Donbás han sido sometidos a un genocidio, a bombardeos y a un bloqueo, mientras que en Jersón y Zaporoye han tratado de inculcarles criminalmente el odio a Rusia, a todo lo ruso. Ahora, mientras transcurrían los referendos, el régimen de Kiev amenazó con represalias, con la muerte a los maestros de escuela, a las mujeres que trabajaban en las comisiones electorales, intimidó con represalias a millones de personas que habían acudido a expresar su voluntad. Pero el pueblo inquebrantable del Donbás, de Zaporoye y de Jersón ha hablado.

Quiero que me escuchen las autoridades de Kiev y sus verdaderos amos en Occidente, que todos lo recuerden: los habitantes de Lugansk y Donetsk, de Jersón y Zaporoye se convierten en nuestros ciudadanos para siempre. (Aplausos.)

Hacemos un llamamiento al régimen de Kiev para que cese inmediatamente el fuego, todas las acciones militares, la guerra que desató en 2014 y vuelva a la mesa de negociaciones. Nosotros estamos preparados para ello, lo hemos dicho en varias ocasiones. Pero la elección del pueblo de Donetsk, de Lugansk, de Zaporoye y de Jersón no la vamos a discutir, está tomada, Rusia no la traicionará. (Aplausos.) Y las autoridades actuales de Kiev deben tratar esta expresión libre de la voluntad de la gente con respeto y no de otra manera. Sólo éste puede ser el camino hacia la paz.

Vamos a defender nuestra tierra con todas las fuerzas y medios que tenemos a nuestro alcance y haremos todo lo posible para garantizar una vida segura a nuestra gente. En ello radica la gran misión liberadora de nuestro pueblo.

Sin falta reconstruiremos las ciudades y los pueblos destruidos, las viviendas, las escuelas, los hospitales, los teatros y los museos, restableceremos y desarrollaremos la industria, las fábricas, las infraestructuras, los sistemas sociales, de pensiones, sanitarios y educativos.

Por supuesto, trabajaremos para mejorar los niveles de seguridad. Juntos nos encargaremos de que los ciudadanos de las nuevas regiones sientan el apoyo de todo el pueblo de Rusia, de todo el país, de todas las repúblicas, de todos los distritos y regiones de nuestra enorme Patria. (Aplausos.)

¡Estimados amigos, compañeros!

Hoy quiero dirigirme a los soldados y oficiales que participan en la operación militar especial, a los combatientes del Donbás y Nueva Rusia; a los que tras el decreto de movilización parcial se incorporarán a las Fuerzas Armadas, cumpliendo con su deber patriótico; a los que acuden por voluntad propia siguiendo la llamada del corazón a las oficinas de reclutamiento. También quiero dirigirme a sus padres, esposas e hijos y decirles por qué lucha nuestro pueblo, contra qué enemigo nos enfrentamos, quién está lanzando al mundo a nuevas guerras y crisis, sacando un beneficio sangriento de esta tragedia.

Nuestros compatriotas, nuestros hermanos y hermanas en Ucrania -una parte carnal de nuestro pueblo uno- han visto con sus propios ojos lo que los círculos gobernantes del denominado Occidente preparan para toda la humanidad. Aquí, simplemente se han quitado las máscaras, han mostrado su verdadero interior.

Tras el colapso de la Unión Soviética, Occidente decidió que el mundo, todos nosotros, tendríamos que someternos para siempre a sus dictados. Entonces, en 1991, Occidente contaba con que Rusia ya no se recuperaría de tales convulsiones y se derrumbaría por sí misma. Sí, esto casi sucedió: todavía recordamos los años 90, los terribles años 90, hambrientos, fríos y sin esperanza. Pero Rusia resistió, renació, se fortaleció, volvió a ocupar su lugar digno en el mundo.

Mientras tanto, Occidente ha estado constantemente buscando y continúa buscando una nueva oportunidad para golpearnos, para debilitar y destruir a Rusia, lo que siempre ha soñado, para fragmentar nuestro Estado, para azuzar a los pueblos entre sí, para condenarlos a la pobreza y a la extinción. A ellos simplemente les inquieta que en el mundo haya un país tan grande y enorme con su territorio, riquezas naturales, recursos, con un pueblo que no sabe vivir y que nunca vivirá bajo los dictados de otro.

Occidente está dispuesto a todo con tal de preservar ese sistema neocolonial que le permite parasitar, en el fondo saquear el mundo a expensas del poder del dólar y del dictado tecnológico, cobrar un verdadero tributo a la humanidad, extraer una importante fuente de riqueza no ganada, la renta hegemónica. Mantener esta renta es su objetivo clave, genuino y absolutamente lucrativo. He aquí por qué responde a sus intereses una falta total de soberanía. De ahí su agresión a los Estados independientes, a los valores tradicionales y a las culturas autóctonas, sus intentos de socavar los procesos internacionales e integracionistas que están fuera de su control, las nuevas divisas mundiales y los centros de desarrollo tecnológico. Para ellos es sumamente importante que todos los países entreguen su soberanía a favor de los Estados Unidos.

Los altos dirigentes de algunos Estados aceptan voluntariamente hacerlo, voluntariamente aceptan convertirse en vasallos; otros son sobornados e intimidados. Y si no funciona, destruyen Estados enteros, dejando tras de sí catástrofes humanitarias, desastres, ruinas, millones de destinos humanos destrozados y arrastrados hasta la muerte, enclaves terroristas, zonas de desastre social, protectorados, colonias y semicolonias. A ellos les da igual, sólo les interesa obtener su beneficio.

Quiero enfatizar una vez más: es precisamente la codicia, la intención de conservar su poder no limitado por nada la verdadera razón de esta guerra híbrida que “el Occidente colectivo” está librando contra Rusia. No nos quieren libres, sino que nos quieren ver como una colonia. No quieren una cooperación igualitaria, sino el saqueo. No quieren vernos como una sociedad libre, sino como una turba de esclavos sin alma.

Para ellos, la amenaza directa es nuestro pensamiento y nuestra filosofía, por eso atacan también a nuestros filósofos. Nuestra cultura y nuestro arte representan un peligro para ellos, por eso intentan prohibirlos. Nuestro desarrollo y prosperidad también son una amenaza para ellos: la competencia crece. Ellos no necesitan en absoluto a Rusia, nosotros sí. (Aplausos.)

Quiero recordar que las pretensiones de dominio mundial han sido frenadas en el pasado en más de una ocasión por el valor y la resistencia de nuestro pueblo. Rusia siempre será Rusia. Nosotros ahora también defendemos tanto nuestros valores como nuestra Patria.

Occidente cree que es impune, que puede salirse con la suya. Hablando propiamente, se ha salido con la suya hasta ahora. Los convenios en la esfera de seguridad estratégica vuelan al cubo de la basura; los tratados alcanzados al más alto nivel político se declaran una farsa; las firmes promesas de no ampliar la OTAN hacia el este, tan pronto como se las creyeron nuestros antiguos dirigentes, se convirtieron en un sucio engaño; los tratados de defensa antimisiles y de misiles de medio y de menor alcance se han roto unilateralmente con pretextos inventados.

Por todas partes escuchamos únicamente que Occidente defiende un orden basado en reglas. ¿De dónde las han tomado? ¿Quién ha visto estas reglas? ¿Quién las ha acordado? Miren, esto es simplemente un disparate, un engaño total, ¡un doble o triple rasero! Está pensado simplemente para tontos.

Rusia es una gran potencia milenaria, un país, una civilización y no va a vivir con esas reglas amañadas y falsas. (Aplausos.)

Fue precisamente el denominado Occidente el que pisoteó el principio de inviolabilidad de las fronteras y ahora decide a su antojo quién tiene derecho a la autodeterminación y quién no, quién es y quién no es digno de ella. No está claro por qué lo deciden de esa manera, ni quién les ha dado ese derecho. Ellos mismos.

He aquí por qué les produce una ira salvaje la elección de la gente de Crimea, de Sebastopol, de Donetsk, de Lugansk, de Zaporoye y de Jersón. Este Occidente no tiene ningún derecho moral a evaluarlo, ni siquiera incluso a hablar de la libertad de la democracia. ¡Ni ahora ni nunca lo ha tenido!

Las élites occidentales niegan no sólo la soberanía nacional y el derecho internacional. Su hegemonía tiene un carácter claramente totalitario, despótico y de apartheid. Dividen impúdicamente el mundo en sus vasallos, en los denominados países civilizados y en todos los demás que, según los designios de los racistas occidentales actuales, deberían pasar a engrosar la lista de bárbaros y de salvajes. Las falsas etiquetas –“país canalla”, “régimen autoritario”– ya están listas, estigmatizan a naciones y Estados enteros y esto no es nada nuevo. No hay nada nuevo en ello: las élites occidentales siguen siendo lo que han sido: colonialistas. Discriminan, dividen a los pueblos en primera y segunda categoría.

Nosotros nunca hemos aceptado ni aceptaremos este nacionalismo político y este racismo. ¿Y qué es, si no racismo, la rusofobia que ahora se extiende por todo el mundo? ¿Qué es, si no racismo, la convicción inapelable de Occidente de que su civilización, su cultura neoliberal, es el modelo incuestionable para todo el mundo? “Quien no está con nosotros está contra nosotros”. Incluso todo eso suena extraño.

Hasta el arrepentimiento por sus propios crímenes históricos las élites occidentales lo trasladan a todos los demás, exigiendo tanto a los ciudadanos de sus países como a los de otros pueblos que se disculpen por algo con lo que no tienen nada que ver, por ejemplo, por el periodo de las conquistas coloniales.

Vale la pena recordar a Occidente que él comenzó su política colonial en la Edad Media, seguida posteriormente por el comercio mundial de esclavos, el genocidio de los pueblos indios en América, el saqueo de la India, África, las guerras de Inglaterra y Francia contra China, que se vio forzada como resultado a abrir sus puertos al comercio del opio. Lo que ellos hacían era enganchar a pueblos enteros a las drogas, exterminar deliberadamente a grupos étnicos enteros por la tierra y los recursos, establecer una verdadera caza de personas como si de bestias se trataran. Esto va contra la propia naturaleza del hombre, contra la verdad, la libertad y la justicia.

Y nosotros, nosotros estamos orgullosos de que en el siglo XX fuera precisamente nuestro país el que liderara el movimiento anticolonial, que dio a muchos pueblos del mundo la oportunidad de desarrollarse, de reducir la pobreza y la desigualdad, de vencer el hambre y la enfermedad.

Destaco que una de las razones de la rusofobia secular, de la ira indisimulada de estas élites occidentales hacia Rusia radica precisamente en que no nos dejamos desvalijar durante el periodo de las conquistas coloniales; obligamos a los europeos a comerciar en beneficio mutuo. Esto se consiguió creando en Rusia un Estado fuerte centralizado que se desarrolló fortalecido por los grandes valores morales de la ortodoxia, del islam, del judaísmo y del budismo y por una cultura rusa y una palabra rusa abiertas a todos.

Es conocido que en varias ocasiones han hecho planes de intervención en Rusia, que han intentado aprovecharse tanto en la época de inestabilidad de principios del siglo XVII, como en el período de agitación después de 1917: fracasaron. Con todo, Occidente consiguió hacerse con la riqueza de Rusia a finales del siglo XX, cuando se destruyó el Estado. Entonces nos llamaron tanto amigos como socios, mas en realidad nos trataban como a una colonia: sacaron trillones de dólares del país a través de los más diversos esquemas. Todos nosotros nos acordamos de todo, no hemos olvidado nada.

Y en estos días, la gente de Donetsk y de Lugansk, de Jersón y de Zaporoye se ha pronunciado por restaurar nuestra unidad histórica. ¡Gracias! (Aplausos.)

Los países occidentales repiten desde hace siglos que llevan a los demás pueblos tanto la libertad como la democracia. Todo esto es exactamente lo contrario: en lugar de democracia, opresión y explotación; en lugar de libertad, esclavitud y violencia. Todo el orden mundial unipolar es en el fondo antidemocrático y carente de libertad, es una mentira y una hipocresía hasta la médula.

Los Estados Unidos es el único país del mundo que ha utilizado armas nucleares en dos ocasiones, destruyendo las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Por cierto, sentaron un precedente.

Recuerdo además que los Estados Unidos, junto con los ingleses, convirtieron en ruinas, sin ninguna necesidad militar, durante la Segunda Guerra Mundial a Dresde, Hamburgo, Colonia y muchas otras ciudades alemanas. Y se hizo de forma demostrativa, sin, repito, ninguna necesidad militar. Sólo había una finalidad: como en el caso de los bombardeos nucleares en Japón, intimidar tanto a nuestro país como al mundo entero.

Los Estados Unidos han dejado una terrible huella en la memoria de los pueblos de Corea y Vietnam con sus bombardeos “en alfombra”, con el uso de napalm y armas químicas.

Hasta el día de hoy, ocupan de facto Alemania, Japón, la República de Corea y otros países, llamándoles, al mismo tiempo, cínicamente aliados iguales. Me pregunto qué tipo de alianza es ésta. Todo el mundo sabe que los líderes de estos países están siendo espiados, que a los altos funcionarios de estos Estados les han instalado dispositivos de escucha no sólo en sus oficinas, sino también en sus hogares. Es una verdadera vergüenza. Una vergüenza tanto para los que lo hacen como también para los que, como esclavos, callan y se tragan sin rechistar esta villanía.

Llaman solidaridad euroatlántica a las órdenes y a los dicterios groseros e insultantes a sus vasallos; llaman noble investigación médica al desarrollo de armas biológicas y a los experimentos con seres humanos vivos, como en Ucrania.

Precisamente con sus políticas destructivas, con sus guerras y con su saqueo han provocado el colosal aumento de flujos migratorios que se produce hoy en día. Millones de personas padecen de privaciones, de abusos, mueren por miles tratando de llegar a esa Europa.

Ahora están exportando pan de Ucrania. ¿A dónde va con el pretexto de “garantizar la seguridad alimentaria de los países más pobres del mundo”? ¿A dónde va? Todo va a parar a los países europeos. Allí, el cinco por ciento sólo se ha destinado a los países más pobres del mundo. De nuevo, la truhanería habitual y el engaño manifiesto.

La élite norteamericana, en el fondo, utiliza la tragedia de estas personas para debilitar a sus rivales, para destruir los estados nacionales. Esto concierne también a Europa, esto concierne también a la identidad de Francia, de Italia, de España y de otros países con muchos siglos de historia.

Washington exige todavía más sanciones contra Rusia y la mayoría de los políticos europeos lo aceptan dócilmente. Comprenden claramente que los Estados Unidos, presionando para que la Unión Europea abandone por completo los recursos energéticos y de otro tipo rusos, está de hecho desindustrializando Europa para tomar completamente en sus manos el mercado europeo; lo comprenden todo, estas élites europeas lo comprenden todo, pero prefieren servir a intereses ajenos. Esto ya no es servilismo, sino traición directa a sus pueblos. Pero que Dios les asista, eso es asunto suyo.

Mas para los anglosajones las sanciones son ya poca cosa; han pasado al sabotaje -increíble, pero es un hecho- organizando explosiones en los gaseoductos internacionales de Nord Stream, que discurren por el fondo del mar Báltico, han empezado a destruir de facto la infraestructura energética de toda Europa. Es evidente para todos quién se beneficia de esto. Lo ha hecho quien se beneficia, por supuesto.

El dictado de los Estados Unidos se basa en la fuerza bruta, en la ley del puño. A veces está bien envuelto, a veces sin ningún tipo de envoltorio, pero la esencia es la misma: la ley del puño. De ahí el despliegue y el mantenimiento de cientos de bases militares en todos los rincones del mundo, la expansión de la OTAN, los intentos de formar nuevas alianzas militares como AUKUS y similares. También se está buscando activamente un nexo político-militar entre Washington, Seúl y Tokio. Todos los Estados que poseen o aspiran a poseer una verdadera soberanía estratégica y son capaces de hacer frente a la hegemonía occidental son automáticamente alistados en la categoría de enemigos.

Precisamente sobre estos principios se construyen las doctrinas militares de los Estados Unidos y de la OTAN, que exigen nada menos que la dominación total. Las élites occidentales presentan sus planes neocoloniales de manera hipócrita, incluso con espíritu de paz, hablando de algún tipo de contención y tal astuta palabra se mueve de una estrategia a otra, pero en el fondo sólo significa una cosa: socavar cualquier centro soberano de desarrollo.

Ya hemos oído hablar de la contención de Rusia, de China y de Irán. Supongo que en la cola están también otros países de Asia, América Latina, África y Oriente Medio, así como los actuales socios y aliados de los Estados Unidos. Nosotros ya lo sabemos: cuando algo no es de su agrado, también imponen sanciones contra los aliados: una contra un banco, otra contra otro; una contra una empresa, otra contra otra. Es una práctica y se ampliará. Se dirigen a todo el mundo, incluidos nuestros vecinos más cercanos, los países de la CEI.

Al mismo tiempo, es evidente y ya desde hace tiempo que Occidente está confundiendo deseo con realidad. Así, al iniciar una guerra relámpago de sanciones contra Rusia, suponían que podrían volver a configurar el mundo entero a sus órdenes. Mas resulta, como ha sucedido, que una perspectiva tan brillante no entusiasma a todos, a no ser a los consumados políticos masoquistas y a los admiradores de otras formas no convencionales de relaciones internacionales. La mayoría de los Estados se niegan a saludar con la mano en la visera y optan por una forma sensata de cooperación con Rusia.

Está claro que Occidente no esperaba tal insubordinación por su parte. Sencillamente estaban acostumbrados a actuar según una plantilla, a tomar todo con insolencia, con chantaje, con soborno, con intimidación y a convencerse de que estos métodos funcionarán eternamente, como si estuvieran anquilosados y petrificados en el pasado.

Tal autoconfianza es una consecuencia directa no sólo del notorio concepto de la propia excepcionalidad –aunque ésta es, por supuesto, asombrosamente simple–, sino también del hambre real de información en Occidente. La verdad ha sido ahogada en un océano de mitos, ilusiones y falsificaciones, utilizando una propaganda agresiva sin parangón, mintiendo como Goebbels. Cuanto más increíble sea la mentira, más rápido se la creerá la gente: así es como funcionan, según este principio.

Pero no se puede alimentar a la gente con dólares y euros impresos. No se les puede alimentar con esos papeles y la capitalización virtual y pomposa de las redes sociales occidentales no puede calentar los hogares. Es importante todo lo que estoy diciendo, pero no lo es menos lo que se acaba de decir: con papeles no alimentas a nadie, se necesita comida y con estas capitalizaciones pomposas tampoco calientas a nadie, se necesitan portadores de energía.

Por eso los políticos de esa Europa tienen que convencer a sus conciudadanos de que coman menos, se bañen con menos frecuencia y se vistan más abrigados en casa. Y a los que empiezan a formularse preguntas legítimas “¿por qué? ¿por qué es así?”, se les declara inmediatamente enemigos, extremistas y radicales. Pasan la culpa a Rusia, diciendo: he ahí el origen de todos vuestros males. De nuevo, mienten.

¿Qué quiero especialmente señalar, destacar? Hay muchas razones para suponer que las élites occidentales no van a buscar soluciones constructivas a la crisis alimentaria y energética mundial, que ha surgido por su culpa, sólo por su culpa, como resultado de su política de años, de mucho antes de nuestra operación militar especial en Ucrania, en el Donbás. No pretenden resolver los problemas de injusticia, de desigualdad. Existe el peligro de que estén dispuestos a utilizar otras recetas que les resultan más familiares.

Y aquí conviene recordar que Occidente salió de las contradicciones de principios del siglo XX a través de la Primera Guerra Mundial. Los beneficios de la Segunda Guerra Mundial permitieron a los Estados Unidos superar definitivamente las consecuencias de la Gran Depresión y convertirse en la mayor economía del mundo, imponiendo al planeta el poder del dólar como divisa de reserva global. Occidente superó en gran medida la crisis gestada en los años ochenta –y la crisis se agravó en los años ochenta del siglo pasado– a costa de apropiarse del patrimonio y de los recursos de la Unión Soviética que colapsaba y que finalmente colapsó. Eso es un hecho.

Ahora, para salir de la siguiente maraña de contradicciones, necesitan, por todos los medios, quebrar a Rusia y a otros Estados que eligen la vía soberana de desarrollo para saquear aún más la riqueza ajena y, a su costa, cerrar, tapar sus agujeros. Si esto no ocurre, no descarto que intenten llevar el sistema por completo al colapso, al que se le podrá echar la culpa de todo, o, Dios no lo quiera, que decidan utilizar la conocida fórmula “la guerra hará que todo desaparezca”.

Rusia entiende su responsabilidad ante la comunidad internacional y hará todo lo posible por hacer entrar en razón a estas cabezas exaltadas.

Es obvio que el actual modelo neocolonial está en última instancia condenado. Pero, repito, sus verdaderos dueños se aferrarán a él hasta el final. Sencillamente, no tienen nada que ofrecer al mundo, salvo la conservación de ese mismo sistema de saqueo y latrocinio.

En el fondo, escupen sobre el derecho natural de miles de millones de personas, de la mayor parte de la humanidad, sobre la libertad y la justicia, sobre el hecho de que puedan determinar su propio futuro por sí mismos. Ahora han pasado a una negación radical de la moral, de la religión y de la familia.

Respondamos nosotros mismos a algunas preguntas muy sencillas. Ahora quiero volver a lo que he dicho, quiero dirigirme tanto a todos los ciudadanos del país –no sólo a los compañeros que están en la sala–, a todos los ciudadanos de Rusia: ¿realmente queremos que, entre nosotros, aquí, en nuestro país, en Rusia, en lugar de mamá y papá haya “progenitor número uno”, “número dos”, “número tres”? Ya se han vuelto completamente locos allí. ¿Realmente queremos que, en nuestras escuelas, desde la primaria, los niños estén expuestos a perversiones que conducen a la degradación y a la extinción? ¿Que se les enseñe que, además del femenino y del masculino, hay otros géneros y que se les ofrezca operaciones de cambio de sexo? ¿Realmente es todo esto lo que queremos para nuestro país y para nuestros hijos? Para nosotros, todo esto es inaceptable, nosotros tenemos otro futuro, nuestro futuro.

Repito, la dictadura de las élites occidentales se dirige contra todas las sociedades, incluidos los pueblos de los países occidentales. Es un desafío para todos. Esta negación total del hombre, esta subversión de la fe y de los valores tradicionales, esta supresión de la libertad adquiere características de una “religión al revés”, de un satanismo puro y duro. En el Sermón de la Montaña, Jesucristo, denunciando a los falsos profetas, dice: por sus frutos los conoceréis. Y estos frutos venenosos ya son obvios para la gente, no sólo en nuestro país, en todos los países, incluyendo a mucha gente en Occidente.

El mundo ha entrado en un periodo de transformaciones revolucionarias que tienen un carácter fundamental. Se están formando nuevos centros de desarrollo que representan a la mayoría –¡la mayoría!– de la comunidad mundial y están dispuestos no sólo a declarar sus propios intereses, sino también a defenderlos y en la multipolaridad ven una oportunidad para fortalecer su soberanía, es decir, para obtener una verdadera libertad, una perspectiva histórica, su derecho a un desarrollo independiente, creativo y genuino, a un proceso armonioso.

En todo el mundo, incluso en Europa y en los Estados Unidos, como ya he dicho, tenemos muchas personas afines y sentimos, vemos su apoyo. En el interior de los más diversos países y sociedades ya se está desarrollando, según sus propias características, un movimiento de liberación anticolonial contra la hegemonía unipolar. Su subjetividad sólo hará más que aumentar. Es precisamente esta fuerza la que determinará la futura realidad geopolítica.

¡Estimados amigos!

Hoy luchamos por un camino justo y libre, en primer lugar, para nosotros mismos, para Rusia, para que el dictado, el despotismo, quede para siempre en el pasado. Estoy convencido de que los países y los pueblos comprenden que una política construida sobre la excepcionalidad, sobre la supresión de otras culturas y pueblos es intrínsecamente criminal, que debemos pasar esta página ignominiosa. La ya iniciada ruptura de la hegemonía occidental es irreversible. Y repito de nuevo: ya no será como antes.

El campo de batalla al que el destino y la historia nos han llamado es el campo de batalla por nuestro pueblo, por la gran Rusia histórica. (Aplausos.). Por la gran Rusia histórica, por las generaciones futuras, por nuestros hijos, nietos y bisnietos. Debemos protegerlos de la esclavitud, de los experimentos monstruosos dirigidos a mutilar sus mentes y sus almas.

Hoy luchamos para que a nadie se le ocurra jamás que Rusia, nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestra cultura, pueden ser borrados de la historia. Hoy necesitamos la unión de toda la sociedad y en la base de esta cohesión sólo puede estar la soberanía, la libertad, la creación y la justicia. Nuestros valores son la filantropía, la misericordia y la compasión.

Y quiero concluir mi comparencia con las palabras de un verdadero patriota, Iván Aleksandrovich Il’in: “Si considero a Rusia mi Patria, esto quiere decir que amo, contemplo y pienso en ruso, que canto y hablo en ruso; que creo en los poderes espirituales del pueblo ruso. Su espíritu es mi espíritu; su destino, mi destino; su sufrimiento, mi dolor; su florecimiento, mi alegría”.

Detrás de estas palabras hay una gran elección espiritual que durante más de mil años de Estado ruso han abrazado muchas generaciones de nuestros antepasados. Hoy esta elección la tomamos nosotros, la han tomado los ciudadanos de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, los habitantes de las regiones de Zaporoye y Jersón. Han tomado la decisión de estar con su pueblo, de estar con su Patria, de vivir su destino, de vencer junto con ella.

¡Detrás de nosotros está la verdad, detrás de nosotros está Rusia!

Traducción de Jordi Morillas.

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