Fernando Paz: ¡Despierta! Cómo las élites están controlando el mundo

Fernando Paz: ¡Despierta! Cómo las élites están controlando el mundo. La esfera de los libros, Madrid, 2021. ISBN: 9788413841991.

La situación pandémica actual decretada por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020 ha probado, entre otras muchas preocupantes cuestiones, que España carece de una casta intelectual que se pueda equiparar a la de Francia o Alemania. Esto es, una intelectualidad que sea lo suficientemente sólida, crítica e independiente para denunciar las violaciones de los derechos fundamentales de sus conciudadanos y enfrentarse con decisión al poder, sea éste del color que sea.

Los intelectuales españoles, por el contrario, pretenden ir de cultos porque han tenido la osadía de leer (o eso dicen) un libro completo, han sido capaces de escribir dos líneas seguidas o bien, en el culmen de la «transgresión», han estado en países exóticos en compañía de jovencitas nativas. Pero cuando se trata realmente de probar que uno tiene el valor de pensar por sí mismo, de estar alerta, de no sólo hablar de libertad, sino también de defenderla y reivindicarla cuando es despiadadamente pisoteada de manera tiránica, han demostrado una indignante cobardía y sumisión a las directrices del poder.

En este sentido, y a título de ejemplo deshonroso para la posteridad, se pueden recordar los exabruptos de supuestos adalides del liberalismo en España contra los «bebelejías», las vergonzosas líneas de personajes que hacen gala de un anarquismo de impronta nietzscheana contra los que se niegan a inocularse un suero experimental, cuyos propios creadores declinan cualquier tipo de responsabilidad en caso de efectos adversos o bien las declaraciones de aquel novelista que tiene la virtud de servir y de agradar tanto a la izquierda como a la derecha con sus ambiguas y siempre crematísticamente bien calculadas palabras.

Con esta obediencia absoluta al poder del intelectual español se confirma irrefutablemente que en España no existe disidencia alguna y que, en consecuencia, este país dista mucho de ser sociológicamente democrático. Pues el fundamento de una sociedad que pretenda considerarse democrática radica precisamente en la pluralidad y en la divergencia de opiniones entre sus ciudadanos. Lo contrario, es justamente el régimen totalitario presente, el cual tiene muy poco o nada que envidiar a Cuba, Venezuela o Corea del Norte.

No obstante, es de justicia señalar que han existido honradísimas excepciones dentro de esta despreciable casta intelectual española, en concreto por parte de un escritor de cariz humanista cristiano, que ha realizado alguna que otra fina crítica en diarios de tirada nacional. Mas si ha habido una personalidad que ha probado durante toda su carrera como historiador y como periodista que realmente piensa por sí mismo, que es crítico con el poder y que desde un principio ha estado combatiendo prácticamente en solitario contra la actual dictadura sanitaria, contra este golpe de estado a nivel mundial perpetrado por el poder privado, éste ha sido sin duda alguna Fernando Paz.

Entre sus diversas acciones de resistencia ante el poder cabe mencionar su programa de televisión La inmensa minoría, en el que se denunciaba con pruebas y testimonios científicos (biólogos y médicos) lo que estaba pasando y que iba siempre precedido por un noticiario en el que se insistía cansinamente en los números de contagiados y muertes y en el que se condenaba a los jóvenes y a los «negacionistas» de perpetuar la supuesta pandemia con su actitud «irresponsable».

A toda esta ingente y loable labor informativa y desintoxicadora de Fernando Paz se suma ahora un libro que está destinado a convertirse en un clásico: ¡Despierta! Cómo las élites están controlando el mundo. Dividida en 5 apartados, esta obra tiene la virtud de exponer con claridad no sólo lo que ha sucedido en estos más de 18 meses, sino también de mostrar diáfanamente en qué momento estamos y, lo que es más preocupante, a dónde vamos o, mejor dicho, a dónde nos pretenden dirigir los creadores de toda esta situación.

Así, tras una breve, pero combativa introducción («¿Los negacionistas tenían razón?», págs. 11-13), donde se puede observar ya cuál será el Leitmotiv de esta obra, viene el prólogo («Corría el año 1898», págs. 15-19), en el que se narra la interesante historia del descubrimiento «médico» de la heroína y de su explotación por parte de la farmacéutica alemana Bayer y que se encuentra en estrecha relación «con el tema que nos ocupa» (pág. 19).

Como buen historiador, Fernando Paz sabe que todo tiene una causa y un efecto y, como buen filósofo, que no hay nada que suceda que no haya sido pensado y planificado por alguien. De ahí que el primer apartado de esta obra esté dedicado al Evento 201 (págs. 21-94), acontecimiento clave sin el cual la supuesta pandemia es en absoluto incomprensible. Esta exposición de lo que allí presumiblemente se habló y se simuló, es decir, se acordó, le da pie a realizar un esbozo de las principales organizaciones y caras visibles de este gobierno oculto a escala planetaria. Asimismo, este trasfondo histórico le permite a Paz afirmar que todas las medidas supuestamente sanitarias actuales no son otra cosa que la consecuencia lógica de una serie de directivas que, desde 1945, se han ido implantando paulatinamente en el mundo occidental. De ahí que una gran mayoría de la población haya aceptado cual temblorosas criaturas y «sin apenas aspavientos que los grupos sociales más poderosos estén exentos de las obligaciones que ellos mismos imponen a los demás» (pág. 85).

De esta manera se va implantando de manera cada vez más acelerada la agenda expuesta por Klaus Schwab en su obra La cuarta revolución industrial, cuya meta de realización se había establecido en un principio para el año 2020 y que ahora se ha modificado y perfeccionado para el escatológico 2030.

Identificados, pues, los organizadores de toda esta supuesta pandemia y sus métodos coercitivos, Paz se centra a continuación en el origen: Wuhan (págs. 95-123) y el virus (págs. 125-196). Por lo que se refiere al laboratorio chino, se delinea su historia, sus actividades y se discute el posible origen del virus y si éste fue liberado de manera intencionada. El autor contrapone las distintas opiniones de expertos mediáticos a los datos y las pruebas de científicos de renombre que han sido sistemáticamente anatemizados y denuncia cómo «el diario independiente de la mañana», «en un verdadero alarde artístico, [tituló] que “la teoría del accidente de laboratorio en Wuhan como origen del coronavirus abandona el terreno conspirativo”. Un terreno conspirativo en el que precisamente El País había situado dicha teoría. Vergonzoso» (pág. 122).

El apartado dedicado a «¿Virus artificial? La versión oficial y los medios» (págs. 125-196) profundiza todavía más en la cuestión anteriormente tratada, prestando especial atención al papel de la OMS y de su financiación a través de entidades privadas, así como de las farmacéuticas. De esta forma se entiende que una de las principales finalidades de la OMS sea la de «sobremedicar a la población» (pág. 133) y la de fomentar el culto a la «medicina oficial» por ella representada en detrimento siempre de todo aquello que pudiera potenciar el sistema inmunitario.

Junto con estas actividades mafiosas de la OMS, Paz llama la atención sobre los numerosos informes de denuncia y condena a Pfizer, AstraZeneca y Johnson & Johnson por comercializar medicamentos peligrosos para la salud, así como los escandalosos y cada vez menos disimulados sobornos a médicos y políticos a nivel mundial.

¿Por qué en Estados Unidos se fomenta con tanto ahínco la vacunación universal obligatoria? Pues porque «treinta y nueve congresistas, estratégicamente repartidos por todos los estados, poseen acciones de Pfizer» (pág. 137).

¿Por qué Bruselas parece ir en la misma dirección con el pasaporte Covid? Pues porque los contratos con las farmacéuticas los firmó Stella Kyriakides, conocida por haber recibido «abundantes donaciones de Pfizer, AstraZeneca y Johnson & Johnson» (pág. 146).

Y es que la finalidad de toda esta supuesta pandemia es la imposición de la vacunación obligatoria universal. Para ello, se ha hecho uso del arma psicológica más poderosa: el miedo. «Y no un miedo cualquiera: un miedo devenido en pánico, un miedo paralizante, que ha encerrado en casa a cientos de millones de personas, que les ha conducido a la aceptación sumisa de una dudosa mascarilla, que les ha impedido relacionarse con sus seres queridos y que les ha enseñado que el prójimo, lejos de ser digno de amor, es un probable agente patógeno, generalizándose tanto la maledicencia como la delación, dos de las principales taras sociales» (pág. 152). Así se explica, por ejemplo, que no se haya producido ningún tipo de debate científico o social acerca de la necesidad de inocularse una terapia génica que no ha sido probada anteriormente en humanos contra una enfermedad, cuya tasa de mortalidad es, según la OMS, muy baja (pág. 188).

Es como consecuencia lógica de todas estas pruebas, evidencias y datos lo que lleva a concluir a Paz que esta cuestión no es en absoluto sanitaria, sino que aquí lo que se persiguen son otros objetivos de cariz netamente políticos o, mejor dicho, de ingeniería social.

El país donde mejor se ilustra toda esta problemática es, junto con Argentina, España. De ahí que el cuarto apartado de este estudio histórico lleve el significativo título de «España, el desastre: mascarillas, confinamientos, PCR y vacunas» (págs. 197-265). Estas casi 70 páginas son fundamentales para comprender qué ha sucedido en nuestro país desde marzo de 2020. Asimismo, ofrece las claves de lectura necesarias para entender hacia dónde vamos, una realidad que, aunque descrita por Paz en verano de 2021, sorprende por su exactitud y por el hecho de que ésta ha ido todavía más allá de todo lo que se podía entonces imaginar.

Paz describe en este apartado de manera detallada cómo el Gobierno jugó con los tiempos para fomentar su agenda política, cómo los medios de comunicación, previa subvención estatal, fomentaron el terror y el miedo, alienándose –cuando no yendo más allá– con las medidas coercitivas y totalitarias tomadas por el Gobierno,1 la escandalosa complicidad de todos los partidos políticos en esta farsa (desde la supuesta extrema izquierda pasando por el centro y la todavía más dudosa extrema derecha de VOX), así como, finalmente, del significado social, que no sanitario, que tiene el uso de las mascarillas.

Y, con todo, no se trata –como se insiste en esta obra– de que el Gobierno de España haya «alcanzado cotas de incompetencia siderales” (pág. 237), de que sea un «inepto», sino de preguntarse si esta incompetencia no ha sido más bien deliberada, si los tremendos efectos psicológicos ocasionados en la población aterrorizada y «condenada a vivir bajo un síndrome postraumático» (pág. 255, cfr. pág. 222) no ha sido lo que realmente se buscaba, es decir, la finalidad última de todas estas medidas totalitarias. ¿O acaso el hecho de que más de un 80% de la población española siga llevando mascarillas en exteriores o haga interminables colas exigiendo su segunda, tercera y, pronto, cuarta dosis, cual yonki desesperado en busca de su chute, es simplemente casualidad y no el efecto deseado?

Mas la tarea del genuino intelectual, del historiador y pensador no es sólo registrar fielmente lo que ha sucedido y sucede mostrando los contextos y toda la serie de condiciones que han conducido inequívocamente a la situación actual, sino también señalar el inevitable camino por el que se va necesariamente a transitar. De ahí precisamente que el último apartado de esta obra («El futuro que nos han diseñado», págs. 267-326) esté dedicado a explicar en qué consiste el transhumanismo y qué estrecha relación guarda con la supuesta pandemia de coronavirus.

Símbolo inequívoco del progresivo proceso de deshumanización que conducirá inevitablemente a la aceptación popular del transhumanismo se halla en uno de los rasgos totalitarios que se ha manifestado con más fuerza durante el confinamiento: la delación generalizada, esto es, «cuando una población aterrorizada señalaba a sus vecinos, amigos e incluso familiares como esos agentes patógenos que nos ponían a todos en peligro» (pág. 275).

A todo ello se suma la lucha encarnizada y sin piedad contra cualquier atisbo de pensamiento disidente y contestatario, que dude lo más mínimo y que ha derivado en el establecimiento de un control social y mediático que poco tiene que envidiar al Gran Hermano de George Orwell: «todo derecho a la protesta ha sido proscrito, incluyendo las que pudieran producirse en las redes sociales» (pág. 285).

Esta situación de control a través del temor y del miedo, esta temible manipulación es la que explica que algo que supuestamente se presentaba como optativo se convierta en socialmente obligatorio, que se haya impuesto, no por la violencia, sino por demanda popular una medida de segregación social como el «pasaporte Covid» (págs. 286-289). Y lo que no sea fruto del miedo y del terror de la población lo será por exigencia de las compañías privadas, las promotoras de esta dictadura biosanitaria: «El Gobierno no te forzará a vacunarse. Lo hará Amazon. Lo harán las líneas áreas. Lo harán los bancos. No serás capaz de comprar, de vender o comerciar sin la vacuna», declaró a finales de 2020 el comentador hebreo Mike Cernovich (pág. 290).

En este contexto, las páginas finales del estudio de Fernando Paz son decisivas, pues su atenta lectura permite alinear y ordenar bien toda la serie de ideologías deshumanizadoras («las ideas tienen consecuencias», pág. 301) potenciadas antes, durante y, sobre todo, después de la pandemia que tienen como objetivo posibilitar este peligroso cambio de paradigma que, lejos de buscar la «mejora» de lo humano, pretende su degradación y esclavización por medio de la tecnología (cfr. págs. 296-297, 304-306).

Esta situación, íntimamente aparejada a la destrucción económica de las naciones occidentales, encuentra, no obstante, un halo de resistencia en lo que se denomina la Europa oriental o poscomunista. «La negación de la propia identidad, la subversión antropológica, el rechazo de la propia naturaleza humana: nada de esto se da en las naciones antaño sometidas al yugo comunista, mientras es el pan nuestro de cada día en los países occidentales. Ciertamente, no estamos tampoco ante sociedades idílicas, no se trata de eso; pero su grado de autodestrucción es muy inferior y, al menos, conservan el instinto de supervivencia» (págs. 325-326). Y de resistencia, habría que agregar. En efecto, el que conozca mínimamente estas sociedades sabe perfectamente que la desconfianza frente al poder y al amor a la libertad y a la patria constituyen sus pilares fundamentales. Así, no es de extrañar que un país como Alemania, donde la división entre «occidental» y «oriental» está todavía lejos de estar superada, la resistencia ante la horrible dictadura que allí se ha establecido se encuentre principalmente entre los que vivieron y padecieron el terror y la represión de la DDR y de la STASI.

Hasta aquí la obra de Fernando Paz. No obstante, algunas observaciones o reflexiones críticas a partir de todo lo expuesto se hacen imperativas realizar. Así, sin ánimos de ser exhaustivos y a título de ejemplo, uno se pregunta por qué se afirma que si se hubiera adelantado cuatro días la declaración del estado de alarma «se hubiera podido rebajar un gran número de muertes» y, a continuación, que «sin duda, la gran mortalidad se produjo en las residencias» (pág. 212). ¿Qué tenía que ver, entonces, la declaración del estado de alarma, que condujo a un confinamiento estricto de la sociedad española (y que ha sido, por cierto, declarado ilegal, aunque nadie haya sido encontrado responsable ni vaya a pagar penalmente por ello) con el hecho de que más de la mitad de los fallecimientos por presunto Covid en la denominada «primera ola» se produjeran en las residencias? Obviamente, nada, puesto que el plan a llevar a cabo era claro desde un primer momento. «Las residencias fueron, sencillamente, abandonadas a su suerte, una suerte que no era difícil de prever. Simplemente les enviaron un protocolo en el que les advertían de aislar a quienes tuviesen tos o fiebre. Eso es lo que desde el gobierno se hizo por los más vulnerables» (pág. 213).

En conclusión, estos anales de historia contemporánea que Fernando Paz pone en el mercado no son unos testimonios fríos, académicos y desinteresados, sino que, siendo fiel a la tradición historiográfica griega, pretenden ser aleccionadores, mas no en un sentido sectario, totalitario o mafioso, sino todo lo contrario. Lo que aquí el lector encuentra es el espíritu de un hombre occidental libre, firme creyente en su potencial humano y, sobre todo, poseedor de una sana desconfianza ante el poder. De ahí que el historiador y periodista Fernando Paz pueda concluir que su obra «no es negacionismo. Es disidencia frente al poder. Un poder que ha hecho todo lo posible por acallar esa disidencia a través de sus terminales mediáticas. Porque, en definitiva, y respondiendo la pregunta del principio: Cui prodest scelus, is fecit» (pág. 13).


1 Y es que no conviene perder de vista que «los medios de comunicación no tienen por función la de servir a la verdad en ninguna de sus formas, sino solo en cuanto esta coincida con los intereses de la empresa» (pág. 231).


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