El Gran Reemplazamiento o el alarmante presente europeo (I)

A principios de marzo de 2016, los medios de comunicación informaron acerca de unos comentarios del Papa Francisco que hacían referencia a una “invasión árabe de Europa”. Tales declaraciones del Sumo Pontífice suscitaron una gran polémica, ya que fueron puestas en conexión con la tesis del “Gran Reemplazamiento”, dándose a entender que el máximo representante de los católicos estaba defendiendo posiciones de “extrema derecha”.1

Por supuesto, el Obispo de Roma no estaba avalando esta tesis, sino que, por el contrario, señalaba que este proceso era algo positivo para el futuro del continente europeo. Ahora bien, ¿qué es el “Gran Reemplazamiento”? ¿Por qué era tan escandaloso que el jefe de la Iglesia Católica hubiera podido hacerse eco de esta “teoría”?

En primer lugar, conviene señalar que el “Gran Reemplazamiento”2 no es ni pretende ser una teoría o un concepto político o sociológico abstracto, sino la descripción de un fenómeno que realmente está teniendo lugar en la Europa actual. Es decir, el “Gran Reemplazamiento” refiere un hecho palpable y evidente: la sustitución de la población autóctona europea por otra de origen africano y/o árabe,3 con la consiguiente eliminación de cualquier rastro de civilización europea tal y como la conocemos desde hace más de 2.000 años. El resultado final de dicho proceso sería la creación de lo que se ha querido denominar Eurabia.4

De hecho, sólo hay que ver las imágenes de televisión, en las que se nos muestran miles de hombres procedentes de África y de Oriente que pretenden arribar a las costas griegas, italianas o españolas con la intención de establecerse en Europa o, simplemente, dar un paseo por cualquiera de las grandes ciudades europeas para confirmar la verdad del “Gran Reemplazamiento”, es decir, que un número cada vez más creciente de población no-autóctona está ya aquí.5

Los teóricos franceses del “Gran Reemplazamiento” sostienen que este proceso respondería a un plan de las oligarquías internacionales, citando como prueba de ello un informe de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas de principios del 2000,6 en el que se emplea el término “migraciones de reemplazo”. En este documento, el concepto se utiliza “para definir el nivel de migraciones internacionales necesario en cada país para evitar la disminución y el envejecimiento de la población causadas por las bajas tasas de fecundidad y de mortalidad”.7 En la nota de prensa que la ONU publicó anunciando la aparición de este texto, se resumían sus tesis más importantes de la siguiente manera:

  • “La disminución de la población es inevitable en ausencia de migraciones de reemplazo.”
  • “Es necesario mantener ciertos niveles de inmigración para evitar el descenso poblacional en todos los países y regiones” […] “En el caso de la Unión Europea, los niveles de inmigración observados durante los años noventa serían casi suficientes para evitar el descenso poblacional, mientras que para Europa en general, habría que duplicar el número de inmigrantes”.
  • “El número de inmigrantes necesario para evitar un descenso de la población activa es más elevado que el requerido para evitar un descenso de la población total”.
  • “En términos relativos, Alemania e Italia precisarían de un número más elevado de inmigrantes para mantener el tamaño de su población activa. Italia necesitaría anualmente 6.500 inmigrantes por millón de habitantes y Alemania necesitaría 6.000”.8 9

Sin embargo, el origen de este fenómeno es mucho más complejo de lo que este documento manifiesta. En efecto, el reemplazamiento de la población europea no responde a un hecho explicado únicamente por causas demográficas (descenso de la natalidad y envejecimiento de la población), sino que representa el paso definitivo de todo un proceso que se viene gestando desde principios del siglo XX. De esta forma, si analizamos objetivamente el progreso de la sociedad occidental en estos últimos 70 años, se observará que se han producido toda una serie de cambios pedagógicos, culturales, económicos y sociológicos que en ningún caso responden a la mera casualidad, sino que siguen un patrón bien delimitado y que tienen su conclusión necesaria en la sustitución de la población autóctona europea por hordas árabes y africanas. Ahora bien, ¿quiénes son sus promotores y cuál es su finalidad?

Lo primero que conviene señalar es que esta serie de cambios no responde a ningún plan oscuro urdido por una conspiración judeo-masónica, sino que es la confluencia de toda una serie de intereses que trabajan conscientemente en la misma dirección y con el mismo fin: acabar con la cultura y el hombre occidental, valiéndose para ello de los propios autóctonos,10 quienes se convertirían así en los gestores colaboracionistas de este genocidio humano y civilizatorio.

En este sentido, merecen ser mencionadas en primer lugar las fuerzas de izquierda y su visceral odio y resentimiento a todo lo que sea “europeo”, “tradicional” o “cristiano”. Entre las personalidades más destacadas en esta lucha sin cuartel contra la civilización occidental hay que citar ante todo a los teóricos de la Escuela de Frankfurt: Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas. Los principios socialistas, marxistas o comunistas de internacionalismo, cosmopolitismo y relativismo cultural (“teoría crítica”) casan a la perfección con los de las oligarquías transnacionales, empeñadas en acabar con los Estados-Nación y cualquier atisbo identitario que pueda recordar a tradición o a civilización europeas. Cómo estas dos fuerzas supuestamente opuestas colaboran para conseguir los mismos fines, se puede observar si se analizan los cambios llevados a cabo en los ámbitos anteriormente mencionados. Así, sin ánimo de ser exhaustivos, la forma de operar y las consecuencias resultantes en cada ámbito se podrían describir como sigue: ámbito educativo, ámbito sociológico y ámbito económico.


1 De hecho, esta asociación con la “extrema derecha” carece de fundamento, sobre todo en Francia, donde se la ha querido ver como una manifestación del supuesto racismo del Frente Nacional. En este sentido, no hay más que recordar las palabras de Marine Le Pen, quien afirmó en el transcurso de una entrevista que “le concept de grand remplacement suppose un plan établi. Je ne participe pas de cette vision complotiste”. Véase http://www.lejdd.fr/Politique/Marine-Le-Pen-Il-n-y-a-plus-de-President-de-la-Republique-698226. Desde medios identitarios franceses se le contestó a Le Pen que “le grand remplacement n’est pas ni un concept, ni un complot: c’est un constant”. Véase http://www.lepoint.fr/politique/grand-remplacement-marine-le-pen-chahutee-par-son-extreme-droite-05-11-2014-1878811_20.php.

2 El concepto de “Gran Reemplazamiento” se debe al escritor Renaud Camus, quien lo popularizó en Francia a partir de una conferencia leída en noviembre del 2010 con este título y, sobre todo, con su libro publicado un año más tarde (intitulado precisamente Le Grand Remplacement, Éd. David Reinharc, París; tercera edición aumentada en Blurb, 2015), donde se recogían tres de sus discursos más importantes: “Le Grand Remplacement”, “La nocence, instrument du Grand Remplacement” y “Que peut être une pensé libre aujourd’hui”, así como una entrevista con Le Nouvel Observateur de septiembre de 2011. Si bien este término pretendía describir en un primer momento lo que estaba sucediendo en Francia, pronto pasó a denunciar un fenómeno que se podía percibir en toda Europa. Con esta acepción es utilizado en el presente ensayo. Por lo que se refiere al reemplazamiento que se está llevando a cabo en Estados Unidos, éste responde a otras causas, deudoras en parte de su historia y de su posición geográfica y que merecerían un estudio completamente a parte.

3 A la hora de buscar un origen de este concepto, R. Camus y otros han señalado como fuente de inspiración el poema de Bertolt Brecht Die Lösung (La solución) escrito en 1953. Este breve poema reza en traducción española como sigue:

“Tras el levantamiento del 17 de junio

el secretario de la unión de escritores

repartió unos folletos en la Avenida Stalin

en los que se podía leer que el pueblo

había perdido la confianza en el Gobierno

y que podría resultar un doble trabajo

reconquistarlo de nuevo. ¿No sería

más sencillo que el gobierno

disolviera al pueblo

y eligiera a otro?”.

4 Por extraño que pueda resultar, la invención de este concepto no obedece a ninguna cabeza ultraderechista con tendencias conspiranoicas judeo-masónicas, sino que procede de una estudiosa del islam de origen judío conocida como Bat Ye’or, pseudónimo de Giselle Littman, quien lo popularizó con su obra publicada en 2005 con el título Eurabia: The Euro-Arab Axis (Fairleigh Dickinson University Press, Cranbury, N.J.).

5 El barómetro perfecto para poder determinar el tanto por ciento de población no-autóctona que un país tiene en su seno siguen siendo las guarderías. Así, por ejemplo, en Londres un 45% de la población es autóctona, mientras que en Bruselas este porcentaje baja al 24%. En la población francesa de Île-de-France un 60% de los nacimientos proceden de familias de inmigrantes, porcentaje que se puede encontrar fácilmente en otros lugares de Europa, donde el nombre más popular empieza a ser “Mohammed” o “Muhammad”. Véase http://archbishopcranmer.com/mohammed-not-oliver-is-uks-most-popular-baby-name-for-boys/

6 El informe se puede leer en http://www.un.org/esa/population/publications/migration/migration.htm

7 El comunicado se puede leer en http://www.un.org/esa/population/publications/migration/presssp.htm

8 Si se tiene presente esta recomendación de la Naciones Unidas, resulta comprensible que su Secretario General, Ban Ki-moon, haya podido decir en una entrevista reciente que “[Angela Merkel] has been doing a super job! I commend her generous response, her humanitarian leadership and the solidarity shown by Germany and its citizens to refugees in 2015 and this year. Chancellor Angela Merkel has been showing great leadership. Her leadership should be supported and imitated by other leaders” (http://www.bild.de/politik/ausland/ban-ki-moon/ban-ki-moon-interview-english-44958698.bild.html), así como que Barack Obama la haya elogiado en su visita a Alemania de finales de abril. Según estimaciones del Gobierno alemán, el país espera recibir de aquí al 2020 unos 3,6 millones de “refugiados”. Cfr. http://www.sueddeutsche.de/politik/haushaltsueberschuss-schaeuble-hat-schon-alles-ausgegeben-1.2878192 . [Nota del 2021: cualquier que haya podido estar en Alemania durante estos últimos 5 años sabe que este número ha sido superado con creces].

9 Cfr. http://www.un.org/esa/population/publications/migration/presssp.htm

10 Así se explica, por ejemplo, que el noruego Anders Behring Breivik no dirigiera sus ataques del 22 de julio de 2011 contra los extranjeros residentes en su país, sino primero contra la oficina del primer ministro Jens Stoltenberg (Partido Laborista Noruego) y, posteriormente, contra las juventudes del mismo partido socialdemócrata reunidas en un campamento de verano en la pequeña isla de Utøya. Según declaraciones posteriores de Breivik, se trataba de acabar con los que promovían el multiculturalismo y querían terminar con la tradición noruega y europea apoyando el islam y a los inmigrantes extra-comunitarios.


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