El Gran Reemplazamiento (II): La Gran Desculturización en el ámbito educativo

El nivel cultural de una sociedad es consecuencia de la eficiencia de su sistema educativo. Éste es el motivo principal por el cual la educación constituye el primer objetivo a minar si lo que se desea es destruir la civilización. De esta manera, junto con la denuncia del “Gran Reemplazamiento”, se suele hacer referencia también a la “Gran Desculturización”, otro concepto que en absoluto pretende ser meramente abstracto, sino descriptivo. Como principal teórico, hay que citar al judío de origen polaco Allan Finkielkraut y a su escrito L’Identité malheureuse de 2013.1

Esta “Gran Desculturización” se refleja, en primer lugar, en la simplificación de los planes de estudios, es decir, en la reducción cada vez más notoria tanto de la materia a transmitir como del lenguaje (ya no se trata de que el alumno aprenda contenidos, sino de que juegue y se divierta en clase, desarrollando así sus “capacidades” y su “inteligencia emocional”). A ello ayudan los esfuerzos de las nuevas teorías pedagógicas por retrasar el aprendizaje de la lectura y de la escritura hasta una edad cada vez más avanzada o suprimir incluso los deberes en casa, de manera que los niños puedan disfrutar mejor de su infancia, jugando y divirtiéndose.2 La adquisición de contenidos se reserva para un momento posterior indeterminado.

En dos casos que podrían parecer extremos, como son Alemania y España, se ha producido una bajada tan exagerada del nivel educativo que ninguno de los dos países está en condiciones de poder hablar de “cultura” en los mismos términos que hace, por ejemplo, 50 años.

En Alemania son diversos los estudios que prueban anualmente cómo su población está plagada de analfabetos funcionales. Las distintas reformas ortográficas a las que ha sido sometida el idioma alemán con el fin de simplificar todavía más la escritura se debe no sólo al número creciente de extranjeros que hay que asimilar, sino también a la casi nula capacidad del alemán nativo para escribir correctamente en su lengua materna tanto ortográfica como gramaticalmente.

En España la reforma ortográfica introducida en el 2010 suponía una bajada de nivel tan acusada que muchos escritores y personas que habían sido formadas en otros tiempos se negaron a seguir por dignidad las nuevas normativas impuestas por la Real Academia de la Lengua Española. El motivo de estas reformas era limitar todavía más el vocabulario y, de esta manera, la capacidad de pensamiento, pues la lengua “es el pensamiento mismo. No es que se piense con palabras –u otros signos, como los pictóricos y los plásticos– sino que se piensa en palabras”.3

El método más efectivo para este proceso de analfabetización se encuentra tanto en los medios de comunicación como, ante todo, en las nuevas tecnologías (redes sociales o teléfonos móviles). El hábito de escribir y de expresarse usando cada vez menos vocabulario, incluso suprimiendo letras (abreviaturas) se ha implantado de tal forma entre las nuevas generaciones que no sorprende ya a ningún profesor de secundaria (e incluso universitario) encontrarse exámenes redactados con el mismo tipo de vocabulario y hasta de expresiones que se utilizan para escribir whatsapps. A todo ello habría que sumar los emoticones: hoy ya no hace falta hablar o escribir, puesto que todo se puede decir con un simple emoticón.

La consecuencia principal de este proceso de desculturización es el creciente infantilismo que se observa en todos los ámbitos de la sociedad actual. En este contexto, un medio de comunicación de masas como la televisión constituye la medida perfecta de este grado de infantilización: compárense los contenidos televisivos de hace apenas 20 ó 30 años con los actuales y se podrá constatar con total facilidad qué ha significado esta cada vez más notable bajada del nivel educativo y cultural de la población.

A todo ello, añádase el poderoso y efectivo poder que tienen las drogas. Descritas como el lubricante de la economía mundial, las drogas tienen como misión principal acabar no sólo psíquica, sino también físicamente con el hombre. Sólo hay que recordar en qué momento histórico hizo su aparición el fenómeno de la droga en España y qué influencia tiene actualmente entre la juventud para estimar con precisión cuál es su verdadera función social.

Con todas estas medidas no sólo se consigue destruir interiormente al ser humano, sino también fomentar un tipo de hombre que desconoce por completo su tradición, su historia, su identidad a la vez que se le adoctrina en el auto-odio o, lo que se denomina técnicamente, endofobia/oikofobia y eurofobia.4 Sólo un pueblo que no conoce a sus clásicos, que desprecia su propia historia y se odia está condenado a la desaparición,5 a una desaparición a la cual él mismo colaborará “libremente”, como se puede observar, por ejemplo, con la actual problemática de los “refugiados”.


1 El libro se encuentra en español: La identidad desdichada. Traducido del francés por Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños, Alianza Editorial, Madrid, 2014. Cumpliendo con su papel de vigilancia y censura de todo aquel que pudiera ir contra los principios de la oligarquía financiera, la izquierda francesa ha anatemizado y acusado a Finkielkraut de ser de “extrema derecha”, “fascista”, cuando no de ser simpatizante del “Frente Nacional” por haber publicado este obra y ser actualmente muy crítico con el islam.

2 Véase la petición de la Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos para que desaparezcan los deberes de la escuela pública con el fin de no traumatizar a los niños: http://gaceta.es/noticias/padres-escuela-publica-piden-desaparezcan-los-deberes-22032016-1715

3 Miguel de Unamuno, “Dostoyeusqui [sic!] sobre la lengua”, Ahora (16.XI.1933), pág. 5. A esta eliminación de la capacidad de pensar contribuyen, además, la denigración y el descrédito público de las humanidades, en concreto, de la Filosofía.

4 Un autor francés que ha teorizado esta cuestión del auto-odio occidental es Pascal Bruckner en sus obras Le sanglot de l’homme blanc. Tiers monde, culpabilité, haine de soi (Seuil, París, 1983, reed. 2002; El sollozo del hombre blanco. Tercer Mundo, culpabilidad, odio a sí mismo); La tentation de l’innocence (Grasset & Fasquelle, París, 1995; La tentación de la inocencia; traducido al español por Thomas Kauf para la Editorial Anagrama, Barcelona, 1996) o La tyrannie de la pénitence. Essai sur le masochisme occidental (Grasset, París, 2006; La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental. Traducción de Emilio G. Muñiz, Editorial Ariel, Barcelona, 2008).

5 Como muy bien se dice en la presentación del libro de Renaud Camus, Le Grand Remplacement, “un peuple sans mémoire est inévitablement appelé à être remplacé par d’autres qui, eux, ont une fière et profonde connaissance des leurs” (http://www.culturemag.fr/2011/11/16/que-signifie-le-grand-remplacement-selon-renaud-camus/). Véase asimismo su discurso La Nocence, instrument du Grand Remplacement, donde dice que “il faut qu’il ne sache plus qui il est, ce qu’il est, ce qu’il a été, pour accepter d’être remplacé” (http://ripostelaique.com/Renaud-Camus-La-Nocence-instrument.html).


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